¿Sabías que…
a los dos amantes más famosos de la antigüedad, Cleopatra y Marco Antonio, se les atribuye el mérito de haber creado una de las primeras asociaciones gastronómicas de la historia?
El descubrimiento y traducción de algunos papiros encontrados en el oasis de Fayum, el más rico del reinado de Cleopatra, revelaron una valiosa información sobre la gastronomía de la época: los egipcios fueron los precursores de la cocina mediterránea, ya que usaban aceite extra virgen de oliva, quesos ligeros, verduras, hierbas, legumbres, granos y comían platos de pescado y carne.
Pues sí, la famosa Reina Egipcia reunía en una de las primeras asociaciones gastronómicas a los más grandes conocedores de la época y tenía el nombre de “Círculo de los Inimitables“. Los miembros alternaban cacerías y fiestas con discusiones con los estudiosos de la Biblioteca y episodios de aventuras en los barrios pobres.
En la mesa de la reina más famosa del mundo, mujer culta e inteligente (se dice que su conversación era irresistible), a menudo se servía pichón relleno acompañado de verduras de temporada, sopa de frijoles o cebada. Las carnes de caza se alternaban a la de ovino. No faltaban, sin embargo, momentos más refinados donde asomaban los peces del Nilo Occidental. Los postres consistían en deliciosos pasteles de higos y nueces cubiertos con miel. Para acompañar la comida no faltaba el buen vino griego y la cerveza, herencia preciosa de los faraones.
La gastronomía era un aspecto que Cleopatra cuidaba hasta el último detalle. Podríamos decir que sería una organizadora de Eventos y Catering espectacular. Os vamos a contar una de las anécdotas más conocidas de Cleopatra en la mesa:
En su afán deslumbrador, Cleopatra intentó impresionar a Marco Antonio apostando con él delante de su corte que la reina sería capaz de organizar una cena de diez millones de sestercios (para calcular el equivalente en euros, la cena en cuestión ascendería a unos 15 millones de euros).
Llegado el día en cuestión, se sirvió la cena con los manjares más exquisitos. No hubo nada raro a la vista de Marco Antonio. En ese momento, llegó Cleopatra con un impresionante collar con dos hermosas perlas y se dirigió a Planco, elegido juez de la contienda, a quien le preguntó cuánto podría valer cada una de las perlas: “Al menos, cinco millones de sestercios”, contestó el juez, la mitad de la apuesta.
Marco Antonio pensó que tenía ganada la apuesta: él nunca apostaba más que sobre seguro.
Ante la vista de todos los invitados a la cena, la reina desprendió una de las perlas engastadas en el collar y la hizo rodar hacia el fondo de una copa que contenía algo de vinagre. El carbonato cálcico, material del que se componen las perlas, se disolvió en el ácido del vinagre hasta que la perla desapareció del fondo de la copa. Cleopatra, apurando la copa, se bebió el vinagre y, con él, la perla.
Cuando iba a repetir la operación con la segunda perla, para “gastar” los diez millones, Marco Antonio se dio por vencido.